Había cortado la llamada con Emilia y dejado el celular, se dió cuenta que se había olvidado de avisarle que la película estaba paga desde la tarde, cuando fue al video club a devolver la que había visto el día anterior y había pagado la siguiente. Era un empedernido cinéfilo.
Volvió a buscar el contacto, pero abandono la actividad a mitad de camino. Pensó que no hacía falta la llamada, de todas maneras le iban a decir cuando retiraba la película, que no tenía que pagarla. No hacía falta llamar. Mientras preparaba la mesa, se comentaba la necesidad de usar el celular a cada rato, para cada cosa: avisarle a un amigo que no podía ir a jugar al fútbol, mirar la hora, usarlo de agenda.. desde que se compró el primero, nunca se deshizo de ese aparato universal. Había probado darle menos uso, incluso demoró en comprar este último, luego de haber perdido el anterior, para estar un pocó "más libre", como le había dicho a Emilia, en respuesta a las constantes quejas de ella, de que tenía que ir a la casa para hablar y verlo, o solo avisarle algo. Pero lo cierto es que el estaba más tranquilo sin celular. No lo miraba a cada rato. Nadie lo llamaba cuando estaba haciendo algo interrumpiendo su actividad. Y no es que particularmente lo ponía nervioso el uso del móvil, sino que la tranquilidad venía por que, analizaba él, el celular genera una dependencia constante sobre uno. Y le gustaba esa tranquilidad, pero tarde o temprano se daba cuenta que lo necesitaba. Y terminaba con uno nuevo.
Se sento en el sillón y espero entonces a su novia.
domingo, 13 de febrero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
Un pedido gastronómico
Durante la noche, tuvo ganas de tener una noche entretenida. Llamo a su novia:
-Hola, quiero encargar una pizza de muzzarella para las 22 horas- hizo su pedido Facundo, conteniendo la risa.
-Equivocado señor, esto no es una pizzería, es casa de familia.
-No, estoy diciendo que quiero encargar comida para pasar una linda noche con mi novia, mi amor- dejandole el espacio para que Emi entienda quien era su interlocutor.
-Tonto! No me había percatado que eras vos el que hablaba. Por gracioso, me quedo en mi casa a mirar una película.
-Podemos mirarla juntos en tu casa- propuso Facundo
-Vos vení a mirarla a casa, yo voy a la tuya, no quiero verte, jajaja.
-Mhh.. creo que buscaré en mi agenda un buen nombre que porte alguna linda chica..
-Ni se te ocurra, cobarde. A las 22 en tu departamento, muzzarella, y evita la Coca Cola, la película la elijo yo, ultimamente tus gustos no están muy afinados.
-Si, mi general, a sus ordenes.
-Ja, te conviene soldado.
-No, tengo hambre y no quiero demorar la pizza, todavía no la pedí.
-Siempre tan cariñoso vos.
-No cambio más. Un beso Emi, vení a horario.
-si, claro, como vos. Un beso amor. Adiós.
Si había algo que le gustaba a Facundo era la espontaneidad en las personas. Y si había elegido a Emilia, fue por esas mismas razones. Estaba convencido de que estaba con la persona indicada. En cambio consideraba que él no era el indicado para una chica como ella. Pero trataba de dejar de lado esos pensamientos siempre que ocurrían. En definitiva era su novia y asi quería que siga.
-Hola, quiero encargar una pizza de muzzarella para las 22 horas- hizo su pedido Facundo, conteniendo la risa.
-Equivocado señor, esto no es una pizzería, es casa de familia.
-No, estoy diciendo que quiero encargar comida para pasar una linda noche con mi novia, mi amor- dejandole el espacio para que Emi entienda quien era su interlocutor.
-Tonto! No me había percatado que eras vos el que hablaba. Por gracioso, me quedo en mi casa a mirar una película.
-Podemos mirarla juntos en tu casa- propuso Facundo
-Vos vení a mirarla a casa, yo voy a la tuya, no quiero verte, jajaja.
-Mhh.. creo que buscaré en mi agenda un buen nombre que porte alguna linda chica..
-Ni se te ocurra, cobarde. A las 22 en tu departamento, muzzarella, y evita la Coca Cola, la película la elijo yo, ultimamente tus gustos no están muy afinados.
-Si, mi general, a sus ordenes.
-Ja, te conviene soldado.
-No, tengo hambre y no quiero demorar la pizza, todavía no la pedí.
-Siempre tan cariñoso vos.
-No cambio más. Un beso Emi, vení a horario.
-si, claro, como vos. Un beso amor. Adiós.
Si había algo que le gustaba a Facundo era la espontaneidad en las personas. Y si había elegido a Emilia, fue por esas mismas razones. Estaba convencido de que estaba con la persona indicada. En cambio consideraba que él no era el indicado para una chica como ella. Pero trataba de dejar de lado esos pensamientos siempre que ocurrían. En definitiva era su novia y asi quería que siga.
viernes, 21 de enero de 2011
El día negro de los jefes
En el trabajo ya, se palpaba en el aire un clima de conflicto. No sabía que es lo que sucedió, pero el trato de su jefe hacia un compañero que le consultó sobre algo que el superior entendió que ya no debía preguntar esas cosas simples, le dió esa sensación. No era el único de los superiores con un mal día; por lo que notó, los demás estaban igual. Lo que daba a entender que hubo alguna reunión de jefes. Así se ponían solamente cuando ocurrían esas cosas, y se contaban malas noticias. De todas maneras, no era corriente malas contestaciones entre empleados y superiores (empleados, en fin). El clima laboral siempre fue algo de lo que podía hacer alarde Facundo al hablar en reuniones de amigos sobre sus ocupaciones. La marca, tal como pregonaban sus publicidades, tenía que aparentar buenos tratos y amabilidad entre todos. Eso, tal vez en un principio, les pareció a todos un tanto mentiroso, ya que anteriormente no era esa justamente la condición principal en el local donde trabajaban. Ahora era natural y eso le gustaba, por eso es que esas situaciones incómodas no eran bien recibidas por Facundo.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
1° Capítulo, 2° parte
"Era una época de revelaciones mundiales en ciencia. El físico hacia años estaba investigando un extraño relampagueo cósmico, investigación que le costó casi toda su vida, inclusive Mujer, trabajos, oportunidades laborales en todas partes del mundo"
Así empezaba el capítulo del libro en donde se había abierto el libro que estaba leyendo la noche anterior cuando se quedo dormido y se le cayó de la mano. Era amante de la ciencia y frustado estudiante e investigador. Juntó el libro y se vistió enseguida. Su dormitorio era amplio, le gustaba. Tenía del lado sur una biblioteca grande pero un poco vacia, que le cubría media pared desde el piso hasta el techo, de 2.80 metros de alto. Completaba el mueble con portarretratos y alguna que otra planta, típico decorado de revista.
Busco la ropa que dejó en la silla la noche anterior y se vistió. Camino al baño, le pegó con el dedo gordo del pie al marco de la puerta, recordando por dentro todas las malas palabras que había aprendido en su vida: "Que buena manera de empezar el día" pensó.
En el desayuno, mientras tomaba café, se puso a analizar los hechos del día anterior en el trabajo, el despido de un gerente de peso, el acomodo de un compañero de trabajo en un buen puesto, y si será posible que este mes cobren el ansiado aumento que hace falta.
Tomo sus cosas y partió.
Así empezaba el capítulo del libro en donde se había abierto el libro que estaba leyendo la noche anterior cuando se quedo dormido y se le cayó de la mano. Era amante de la ciencia y frustado estudiante e investigador. Juntó el libro y se vistió enseguida. Su dormitorio era amplio, le gustaba. Tenía del lado sur una biblioteca grande pero un poco vacia, que le cubría media pared desde el piso hasta el techo, de 2.80 metros de alto. Completaba el mueble con portarretratos y alguna que otra planta, típico decorado de revista.
Busco la ropa que dejó en la silla la noche anterior y se vistió. Camino al baño, le pegó con el dedo gordo del pie al marco de la puerta, recordando por dentro todas las malas palabras que había aprendido en su vida: "Que buena manera de empezar el día" pensó.
En el desayuno, mientras tomaba café, se puso a analizar los hechos del día anterior en el trabajo, el despido de un gerente de peso, el acomodo de un compañero de trabajo en un buen puesto, y si será posible que este mes cobren el ansiado aumento que hace falta.
Tomo sus cosas y partió.
lunes, 30 de junio de 2008
De la cama al living
"Con lo que cuesta levantarse en pleno invierno" pensó Facundo.
Todos los inviernos se repetía lo mismo: ¿Es necesario trabajar a las 6 de la mañana? Lo hacia a modo de terapia, para empezar el dia aceptando el frío. Porque la cuestión no era el horario, sino el frío que en esa época arremetía contra todas las pieles y huesos poco cubiertas que había. Correr las sabanas, frazadas, y luego cambiarse rapidamente era un desafío que debe hacer todas las mañanas. Por suerte contaba con una estufa halógena, que le cortaba el sufrimiento del frío.
Dejó la ropa en una silla, al lado de la cama, la noche anterior. La ropa de trabajo, no era un uniforme que le imponían, sino prendas que debían cumplir ciertos requisitos, comunes por cierto: En la parte superior del cuerpo debía destacarse el blanco, chomba, camisa, remera, pero blanca en su mayoría. En cuanto a la parte inferior, azul. Jeans, Joggins, lo que sea, pero azul. En verano las mujeres podían usar polleras, o pantalones cortos. Los hombres, como mucho, Pantalones a 3/4. Facundo consideraba esta forma de vestir no muy exigente, por lo que le parecía bien, no le gustaba demasiado tener muchas reglas a las que atar su vida.
Todos los inviernos se repetía lo mismo: ¿Es necesario trabajar a las 6 de la mañana? Lo hacia a modo de terapia, para empezar el dia aceptando el frío. Porque la cuestión no era el horario, sino el frío que en esa época arremetía contra todas las pieles y huesos poco cubiertas que había. Correr las sabanas, frazadas, y luego cambiarse rapidamente era un desafío que debe hacer todas las mañanas. Por suerte contaba con una estufa halógena, que le cortaba el sufrimiento del frío.
Dejó la ropa en una silla, al lado de la cama, la noche anterior. La ropa de trabajo, no era un uniforme que le imponían, sino prendas que debían cumplir ciertos requisitos, comunes por cierto: En la parte superior del cuerpo debía destacarse el blanco, chomba, camisa, remera, pero blanca en su mayoría. En cuanto a la parte inferior, azul. Jeans, Joggins, lo que sea, pero azul. En verano las mujeres podían usar polleras, o pantalones cortos. Los hombres, como mucho, Pantalones a 3/4. Facundo consideraba esta forma de vestir no muy exigente, por lo que le parecía bien, no le gustaba demasiado tener muchas reglas a las que atar su vida.
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